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Selección de los años cuarenta

 Decía Chafardero, sobre mi selección anterior, que estaba llena de dramones, y aquello me dio que pensar, pues no le falta razón. Rick y el Doctor Krapp invitaron a diversos comediógrafos a la fiesta, lo cual agradezco, pues la lista de posibles ganó en diversidad. Ángeles añadió dos títulos de terror, género por el que compartimos afición. 

Abordamos ahora los años cuarenta, una década marcada por la guerra. Como les dije en la anterior entrada, en estas listas intento reunir, honestamente, mis películas preferidas: siempre faltan, pero no sobra ninguna. Siguiendo este criterio personal, hay títulos que considero imprescindibles y otros que ustedes considerarán prescindibles, como no puede ser de otra manera. Esta subjetividad destacará quizá más en las futuras décadas.

Sé que es una cifra poco redonda, pero he seleccionado doce películas, una vez más en orden cronológico. En la antecámara han quedado joyas del cine negro como 'El cartero siempre llama dos veces' (1946), que no he añadido por no abundar en el género; westerns de la altura de 'Río Rojo' (1948) o la trilogía de la caballería de John Ford, comenzando con 'Fort Apache' (1948). El Hombre Lobo será el último de los monstruos de la Universal, pero a pesar de que el género sufrió una clara decadencia en esta década, podemos encontrar alguna película de terror interesante, como 'Al morir la noche' (1945). En cuanto a la aventura, son tiempos de piratas y de Errol Flynn, actor del que destaco la boxística 'Gentleman Jim' (1942), que es una comedia formidable. Siento que una vez más proliferen en mi lista los dramas, y admito que tengo una laguna enorme con las comedias románticas clásicas que, salvo excepciones, no son lo mío, aunque podría destacar la simpática 'Los viajes de Sullivan' (1941). Por recomendación del doctor Krapp, me apunto a Frank Capra, a ver si pongo remedio a esa laguna que tengo.


Las uvas de la ira (The Grapes of Wrath), 1940.

'Me llamo John Ford y hago películas del Oeste'. Siempre con una estudiada modestia que enarbolaba con orgullo, con su taza de café en la mano, su hacer las cosas a su manera, respetuoso y fiel a sus amigos navajos del Monument Valley y atento al bienestar de los suyos. Republicano de los de toda la vida, con sangre irlandesa y a mucha honra, era sin embargo republicano de los de otra época. Pocas películas supieron narrar el hambre y la pobreza de la Gran Depresión como 'Las Uvas de la ira', con una cuidada fotografía al servicio del realismo, la empatía al emigrante y un acerado ataque al capitalismo de su tiempo. Por ponerle un 'pero', aunque ello no desmerezca la obra, cabe decir que carece de uno de los elementos más característicos del cine de Ford: el humor. Una drama que sí reúne ese ingrediente, y que bien podría haber elegido en su lugar, es 'Qué verde era mi valle', estrenada el año siguiente.



Ciudadano Kane (Citizen Kane), 1941.

Ensayo de periodismo-ficción en torno a la figura de un hombre muerto y la misteriosa palabra que pronunció antes de morir. Hay películas innovadoras que envejecen mal. 'Ciudadano Kane' fue decididamente innovadora en su estructura, guión y transiciones; su fórmula ha sido emulada hasta la saciedad y, pese a todo, a mis ojos conserva la frescura. Se lo debemos al trabajo de  Mankiewicz y a la dirección de Welles, que por entonces aún era el enfant terrible que había provocado el pánico general con su famosa retransmisión radiofónica. Ustedes recordarán muchas escenas, pero no puedo resistirme a copiarles el siguiente diálogo. 

'Si no hubiese sido tan rico habría llegado a ser un gran hombre.

¿Y no lo eres?

Creo que me porté bien, dadas las circunstancias.

¿Qué te gustaría haber sido?

Todo lo que usted odia.'


Casablanca, 1942.

A Bogart y a la Bergman siempre les quedará París, y a nosotros Casablanca. Si la manida expresión de la 'magia del cine' puede aplicarse a alguna película, sin duda es a esta. Desamor y resistencia en tiempos bélicos; diálogos inspirados y la Marsellesa animando un café con el enemigo dentro: ¿Qué podía salir mal?  Conrad Veidt y Peter Lorre, exiliados alemanes que trabajaron en títulos reseñados en la anterior entrada, también lo harán aquí. Bogart, conocido por sus papeles de villano, encarna un rol que repetirá en 'Tener y no tener' y 'Cayo Largo': el del escéptico desencantado de los ideales del mundo que decide redimirse. Prueben a verla de nuevo en estos tiempos de Covid: el toque de queda ya no les sonará tan lejano. ¡Qué escándalo, aquí se juega!

Nota al margen: Isla Lund consiguió escapar con su marido, pero pocos saben que Rick Blaine sobrevivió después de la guerra y se ha reencarnado en un bloguero gallego centrado en la música moderna, con especial gusto por los sonidos anglófilos; por sus venas corre el espíritu mod cual Lambretta, aunque no deja de sentirse en casa cuando suena Jethro Tull. Los que siguen este blog ya lo conocen, y los que no, pueden encontrarlo aquí. Hablando del cine de los cuarenta, en la anterior entrada nos recomendó 'Ser o no ser' (1942).


La sombra de una duda (Shadow of a Doubt), 1943.

El señor Hitchcock quizá sigue siendo mi director favorito, así que comprenderán lo difícil que me resulta no incluir en esta selección más que dos títulos, por no desvirtuar la entrada. Porque 'Náufragos' (1944) y 'Rebeca' (1940) son también muy reseñables. El caso es que 'La sombra de una duda' es para mí una de sus películas más logradas; una historia sobre la pérdida de la inocencia. Charlie es una adolescente soñadora que ve en su añorado tío, con quien comparte nombre, la promesa de una vida adulta fascinante, alejada de su aburrido pueblo y del destino gris de su madre. Pero ese enigmático tío Charlie esconde una cara oculta que hará que la niña madure a la fuerza. 

Teresa Wright, a quien Hollywood no volvió a dar una oportunidad semejante, convence en su complicado papel, de dramática evolución. En algún momento, perdemos a la adolescente y nos encontramos con la mujer que se ha asomado al abismo. En el pórtico de la casa, envuelta en las tinieblas del crepúsculo, apenas la reconocemos cuando llega a susurrar: 'Vete de aquí, te lo advierto, o yo misma te mataré'.


Dies Irae (Vredens dag), 1943.

Viajamos ahora a la fría Escandinavia para acercarnos a Dreyer, ese director que en el pasado nos regaló 'La pasión de Juana de Arco' (1928) o la sugestiva 'Vampyr' (1932). Al igual que su discípulo Bergman, Dreyer es un director muy teatral, querencia que se nota en su cine. 'Dies Irae' apuesta por el escenario cerrado (con unas pocas escenas exteriores, con el campo como lugar del pecado), pero consigue una ambientación tenebrista que te absorbe y no te suelta. Dada mi afición por las buenas recreaciones históricas, entenderán que he disfrutado no pocas veces con esta Dinamarca del siglo XVII centrada en el protestantismo de las ventanas abiertas, la asfixia moral, la hipocresía y los secretos ocultos, en plena caza de brujas. Solo una época tan obsesionada con la ortodoxia religiosa pudo crear un imaginario en el que el mal cabía perfectamente en la mirada de una mujer joven y bella, e incluso convencerle a ella misma de que la presencia maligna habitaba en su interior. 


La mujer del cuadro (The woman in the window), 1944/ Perversidad (Scarlet Street), 1945.

Hablar de los años cuarenta es hablar de cine negro, un género fascinante en aquella etapa. Me dirán que he hecho trampa al incluir dos películas a la vez. En mi defensa, alego que estos dos títulos de Fritz Lang, salvando todas las diferencias, mantienen una relación muy especial: en ambas trabaja el mismo elenco de actores protagonistas, y ambas apuestan, de distinta forma, por un esquema general parecido. Edward G. Robinson encarna a un hombre en la medianía de edad cuya vida da un vuelco al conocer a la femme fatale interpretada por Joan Benett; en ambos casos, Dan Duryea encarna al chulo sin escrúpulos.

En lo particular, 'La mujer del cuadro' es la fantasía onírica de un académico de vida apacible cuya imaginación se desata al contemplar el retrato de una bella mujer. 'Perversidad' es la historia cruel de cómo un infeliz es manipulado por una joven que ofrece algo de color a su mundo. Mientras que la primera muestra cierto tono de irrealidad que nos sumerge en un emocionante sueño, la segunda nos mete, sin miramientos, en vida de un hombre humillado. Siendo diferentes, las dos son joyas artesanales del mejor cine negro.


El tesoro de Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre), 1948.

¿El oro cambia a las personas, o solo saca a relucir nuestra verdadera personalidad? Algo así debió preguntarse John Huston cuando pergeñó esta película de aventuras; trepidante, entretenida y profunda en su estudio de personajes. 'El tesoro de Sierra Madre' es una historia de ambición salpicada de dilemas morales, de decisiones vitales impuestas por circunstancias extremas. Véanla, si no la conocen, o revísenla de nuevo, pues nunca defrauda.


La soga (Rope), 1948. 

Ofrecida en un único plano-secuencia (que tiene trampa), solo cortado en uno de sus momentos clave, para mostrarnos a un James Stewart inquisitivo; con el salón como espacio principal, cuyos ventanales permiten ver cómo muere la tarde en la ciudad de los vientos, la película es una de las cumbres del cine de suspense, focalizado en ese arcón que ofrece el cáterin a los invitados. El juego de los asesinos, amparado en una idea tomada libremente de Dostoievski o de Nietzsche, les sirve para justificar una motivación psicopática; el desarrollo teatral, los diálogos, los distintos personajes... Todo contribuye a redondear este clásico intemporal.


El tercer hombre (The third man), 1949.

Ya los vimos en 'Ciudadano Kane', pero si pienso en Orson Welles y Joseph Cotten trabajando juntos, lo primero que me viene a la cabeza es 'El tercer hombre' de Carol Reed. Con una sugestiva ambientación en la decadente Viena de la posguerra, esta cinta no ha envejecido ni un ápice. Móntese de nuevo en la noria para hablar de vivos o de muertos, o intenten dar una charla improvisada sobre literatura contemporánea, pero no esperen terminar ganándose a la chica. Se dice en los mentideros que la mano maestra de Welles ayudó a dirigir la escena final en las cloacas y, de ser así, no me extrañaría. ¿Recuerdan la melodía?



El ídolo de barro (Champion), 1949.

El boxeo nos ofrece una temática muy literaria que ha sido explotada por el cine. Su fascinación se debe al riesgo que conlleva la práctica, el hecho de que prometa una escalera social cruda y sin adornos: solo unos pocos lograrán el éxito, mientras que la mayoría se quedarán en el arroyo del que proceden; su mundo es sórdido, en los márgenes de la ley, en contacto con la mafia y las casas de apuestas; todo, en último término, es un engaño, una actualización del circo romano. Al comienzo de la entrada les mencioné la comedia 'Gentleman Jim' (1942), que dio comienzo a un subgénero que verá títulos tan interesantes como 'Más dura será la caída' (1956) o 'Marcado por el odio' (1956). Sin salir de la década que nos ocupa, quiero destacar 'El ídolo de barro', donde Kirk Douglas interpreta a un desarrapado que cae en el boxeo de casualidad y logra conocer el éxito. Lo interesante de esta película está en la personalidad de su protagonista, una persona rencorosa, emocionalmente inestable, que devuelve las vivencias sufridas con un trato frío hacia sus seres queridos.


Primavera tardía (Banshun), 1949.

He podido ver solo un par de películas de Yasujirō Ozu, pero me encantan. Me gusta su forma de rodar tan propia, situando la cámara a pie de suelo (la altura del japonés sentado), la planificación geométrica de los planos y el ritmo pausado que nunca se vuelve cansado; por no hablar de la emoción que transmite con sus dramas de lo cotidiano. 'Primavera tardía' es una obra preciosa que se centra en la relación de una hija con su padre, y el paso del tiempo, temática que parecía interesar mucho a Ozu. El director no lo explicita, porque todos los espectadores de la época la tenían en mente, pero la guerra está muy presente en la película. Noriko todavía es joven, aunque entregó sus mejores años a su familia en los tiempos bélicos. Su sonrisa es sincera, su vida parece plena en su rutina, pero la sombra de la incertidumbre por el futuro consigue nublarla: ¿debe casarse y romper con esa felicidad alcanzada? 

Comentarios

  1. Para mi gusto es una selección muy brillante de películas y también son excelentes las estupendas reseñas que le acompañan. Así como el amigo Rick, que has citado, es un ávido coleccionista de discos yo soy desde principios de los 80 un ávido coleccionista de cine negro primero grabándolo en vídeo las películas de la tele en VHS y luego buscándolas en Internet y grabándolas en CD o DVD. Tengo más de 150 perdidas por ahí cogiendo polvo. El cine negro tal cual, diferenciándolo del cine de gánsteres se forjó en esta década y hay películas que son maravillosas joyas aparte de esas que también estarían entre las mías del maestro Fritz Lang. Es el caso de "Perdición", primera película de Billy Wilder, "Retorno al Pasado" de Tourneur, y "Laura" de Preminger una obra maestra que podría ver en bucle una y otra vez. De Hitchcock destacaría "Rebeca"
    Además ampliando géneros se podría colocar El Gran Dictador, Luna Nueva, Tener o no Tener, Breve Encuentro de David Lean el director inglés, Gilda, Ladrón de Bicicletas, Roma Ciudad Abierta, La costilla de Adán, Me siente rejuvenecer, Qué bello es vivir!!!
    No he visto o no recuerdo haber visto la película de Ozu, la única que me falta de esa estupenda selección.

    Saludos

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    1. Yo también soy aficionado al cine negro, aunque no habré visto, ni de lejos, tantas como tú. Todas las que citas me gustan, 'Laura' y 'Gilda' en especial, y también 'El callejón de las almas perdidas' y, por viajar al país nipón, recomendables también las cintas de cine negro de Kurosawa en los cuarenta: 'El perro rabioso', 'El ángel borracho'...

      Ahora que lo mencionas, aquello de grabar películas de la televisión en VHS tenía mucho encanto, o quizá influya lo vivencial. Siendo yo crío, mi padre y yo grabamos así muchas películas, a veces incluso pegando recortes de periódico, que comentaban la película, en las carcasas de las cintas. Con la desaparición del VHS se dio (visto solo desde cierta perspectiva, entiéndeme) cierta involución de posibilidades. Ahora puedes descargarte ese material y conseguirlo si quieres en versión original, pero ya se ha perdido esa sensación de logro, de rastrear la programación televisiva para conseguir algunas piezas.

      Gracias por la aportación y por el amable comentario. Dicho de paso, el neorrealismo italiano fue otro género que nació en esta época, efectivamente, y ocuparía parte de la década siguiente. Varias de las que nombras no las he visto y me las apunto, en particular las comedias, donde constato que tengo una laguna. Tengo que conseguir 'La costilla de Adán', 'Me siento rejuvenecer' y, vuelvo a decirte, el cine de Capra. Quizá solo conozca 'Qué bello es vivir', y hace tantos años que apenas la recuerdo.

      Un saludo.

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  2. Qué maravillosa selección de películas, y qué maravillosos actores. Todas las que mencionas me gustan muchísimo, y también las que propone Dr. Krapp en su comentario.

    No he visto Primavera tardía, pero tomo nota para verla en cuando tenga ocasión. Por cierto, como ya sabes que hago mucho caso de tus recomendaciones, vi Amanecer, de la lista anterior, y me encantó. Yo también soy amiga del dramón :D y más aún del dramón en blanco en negro.


    Me gustaría añadir a tu impecable lista algunas que recuerdo ahora mismo, de esas de misterio elegante y psicológico que me fascinan, como Luz de gas (Luz que agoniza), o La escalera de caracol; una fantasía romántica como Jennie, y otra entre psicológica y romántica: Carta de una desconocida, basada en la novela del maravilloso Stefan Zweig.
    De las comedias, me encanta Me siento rejuvenecer, pero como ya la menciona el doctor, diré El diablo dijo no. Creo que no me equivoco de década.

    Un saludo, y gracias.

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    1. Gracias, Ángeles. Yo también hago mucho caso a tus recomendaciones. De hecho, una de las que has añadido me llamó tanto la curiosidad que la vi ayer mismo por la noche, después de leer tu comentario. Me refiero a 'Luz que agoniza', que me fascinó. Ese tipo de historias psicológicas, con cierta atmósfera gótica y, en este caso, ambientación victoriana en la neblinosa Londres, me encantan también. Curiosamente, comparte el mismo elenco de actores protagonistas que 'Atormentada' de Hitchcock, pero 'Luz que agoniza' me ha gustado más, ha sido todo un descubrimiento.

      Por fortuna, de las que aportas solo había visto 'La escalera de caracol' (muy buena), así que me apunto el resto para verlas poco a poco. Muchas gracias de nuevo.

      Un saludo.

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    2. Gracias por la cita del bar, que en cierto modo refleja un vago paralelismo con la situación de Blaine, retirado de muchas cosas. Lo digo porque tanto el cine como la literatura, que llegaron a interesarme casi tanto como la música en otros tiempos, han ido perdiendo embrujo para mí a medida que van pasando los años. Hoy en día sigo absorto en los discos pero casi no leo (releo, más bien) y veo muy poco cine de los años 80 a esta parte. O sea, que también "reveo" el cine de antes. Y tampoco mucho, he de reconocerlo.

      Del personal que citas hoy, fui un gran aficionado a Wells. Y aun admitiendo que, como bien dices, muchos clásicos innovadores envejecen mal, Wells tiene para mí más perdurabilidad que, digamos, un Hitchcock, al que, sintiéndolo mucho, le veo demasiado "el cartón" cada vez que pongo una de sus clásicas. Me atrae tal vez por la nostalgia, pero no me resulta creible.

      En fin, supongo que la edad cambia mucho la perspectiva.

      Saludos mil.

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    3. La vida es muy corta y, cuando hablamos de hobbies, hay que dejarse llevar por lo que a uno le llama en cada momento. Ya sabes que hay muchas formas de enriquecerse culturalmente y cada uno encuentra la suya de cara a la realización personal; además, filias personales aparte, a veces tiene que ver con el periplo vital: periodos en los que uno lee más o menos, le da más por el cine o la música, el deporte o el baile de salón. Y no sé porqué escribo esto, ya que a mi nunca me ha dado por el baile. Eso que me pierdo.

      Gracias por el comentario.

      Un saludo.

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