
En un lugar solitario (In a Lonely Place), 1950.
La década de los cincuenta fue muy fructífera para el cine negro. Podría incluir varias entre mis favoritas de estos años, como la fatalista 'La jungla de asfalto' (1950) o la estilística 'Sed de mal' (1958), pero he preferido dejarles una que para mí representa como pocas las esencias del género: 'En un lugar solitario', de Nicholas Ray. Bogart nos ofrece uno de sus mejores papeles, el de un guionista cínico y violento cuya ambigüedad moral lleva al espectador a una continua desconfianza en sus noventa minutos de metraje. La película, por lo demás, consigue una atmósfera envolvente.

Eva al desnudo (All About Eve), 1950.
Es curioso cómo aquella década produjo varias películas enfocadas a destripar los mitos del glamour de Hollywood o Broadway, como 'El crepúsculo de los dioses' (1950) o 'Cautivos del mal' (1952). Durante el final del clasicismo hollywoodiense, el cine supo reírse de sí mismo, ejercer la autocrítica, e incluso mostrar los primeros atisbos de nostalgia. Es también el caso de 'Eva al desnudo', una cinta que de tanto en tanto me apetece revisitar para dejarme llevar por sus excelentes diálogos e interpretaciones, en especial la de Bette Davis, que da una lección con su creíble personaje. En cuanto a Eva (Anne Baxter), representa como pocas a la trepa profesional, la escaladora de fama y gloria que se apoya en su ídolo para crecer desde la sombra.
Solo ante el peligro (High Noon), 1952.
El western también alcanzó su madurez en estos años, comenzando con 'Winchester 73' de Anthony Mann. Me gusta el género, y al realizar el borrador de esta selección personal no pude dejar de incluir unos cuantos títulos que, por economía, no puedo reseñar en esta entrada: 'Camino de la horca', 'La pradera sin ley', 'Centauros del desierto', 'Horizontes de grandeza', 'El hombre del oeste', 'El último tren de Gun Hill'... Pero si tuviese que elegir solo uno, desde aquí recomiendo 'Solo ante el peligro', por sus componentes de thriller y su reflexión social al borde de la misantropía. El sheriff está en peligro y pide ayuda; pide ayuda pero nadie le contesta. Todos los que le aplaudieron y rodearon en tiempos de vino y rosas irán dejándole de lado progresivamente; nadie apuesta un duro por su pellejo. Al final, cuando las buenas gentes se unen en el reconocimiento social, solo recibirán su cara de desprecio, y una chapa de latón, que ya nada significa, tirada en el suelo.

Scaramouche, 1952.
'Nació con el don de la risa y con la sensación de que el mundo estaba loco...' Arlequines y bufones, trucos y bambalinas; golpes, bromas y apresuradas galopadas a caballo; peleas a capa y espada ambientadas en la Francia prerrevolucionaria. 'Scaramouche' es una historia de honor y venganza cargada de vitalismo, pero también de humor; una película de aventuras trepidante, de esas que te dejan un poso de alegría al terminar de visionarlas. Y ese enfrentamiento final en el teatro entre Moreau y Noel de Maynes es sin duda uno de los mejores duelos a espada de la historia del cine. Señor presidente, el diputado al que usted se refiere estará ausente de esta asamblea... a perpetuidad.
Cuentos de Tokio (Tokyo monogatari), 1953.
El cine japonés comenzó su segunda edad de oro en esta década, aunque para Occidente fue la primera, ya que sus películas comenzaron a ser conocidas en nuestros lares a partir de la llegada de 'Rashomon' (1950) de Kurosawa. Hay varios motivos para explicar esta importación, incluyendo la puramente mercantil, pues Japón se había convertido en el centinela capitalista del extremo oriente, tras la II Guerra Mundial, pero es indudable que las producciones japonesas del periodo se defienden solas por su indiscutible calidad.
Uno de los films japoneses con la fama más merecida es 'Cuentos de Tokio', de Ozu, que retrata el brusco relevo generacional que vivió el país del sol naciente. Japón es un caso fascinante porque podríamos decir que, desde la restauración Meiji, pasó de la edad antigua a la contemporaneidad a marchas forzadas. Sumemos a estos rápidos cambios la humillación sufrida tras la II Guerra Mundial, que vino a acelerar el proceso. En la película de Ozu, una pareja de abuelos del viejo Japón rural viajan a la capital para visitar a sus hijos, encontrándose de pronto con un mundo que no reconocen: acelerado, descompuesto y falto de sentido. La propia familia japonesa se ha desarticulado, pero el director nos ofrece una obra piadosa con sus mayores que logra echar el freno para rescatar el tiempo perdido.
Los siete samuráis, 1954.
Si tuviese que hacer una selección de solo dos o tres títulos en esta década, no dejaría de incluir 'Los siete samuráis'. Y es que ante el talento de Kurosawa solo queda quitarse el sombrero: siendo un director japonés de primera línea, supo utilizar con maestría los mimbres literarios occidentales, realizó buenas películas de cine negro, aventuras y también dramas cotidianos. Su cine - sobre todo su primera etapa - es humanista, y la película que nos ocupa alcanza una épica heroica que no pierde en el camino ni un gramo de ese humanismo. A nivel aventurero, el maestro japonés consigue sumergirnos en esa aldea y hacernos partícipes de la urgencia de la supervivencia, la estrategia militar y el trabajo en equipo bajo el prisma oriental. 'Esta es la naturaleza de la guerra. Al proteger a los demás, te salvas. Si sólo piensas en ti, sólo te destruyes a ti mismo'.
Pocas películas, además, han conseguido mostrar de un modo tan fidedigno la vida campesina de antaño, y salvando las diferencias culturales, hasta cierto punto podríamos establecer paralelismos con nuestra época feudal europea. Para los apasionados a la Historia, el cine, al igual que la novela histórica, por lo general no acierta a darnos lo que queremos, teniendo que conformarnos con atrezzos que sirven para enmarcar historias que en muchos casos cabrían en ambientaciones indistinguibles. Como ficción histórica, 'Los siete samuráis' es una de las brillantes excepciones Sin demasiadas concesiones más allá de las necesarias para el argumento, el conflicto estamental entre samuráis y pueblo llano es retratado con fidelidad.
La ventana indiscreta (Rear Window), 1954.
¿No han imaginado alguna vez, paseando a la caída de la tarde, qué vidas tan distintas pueden albergar las ventanas iluminadas de las fachadas? Las ventanas están llenas de historias. ¿Y no es el cine una forma de voyerismo? Para Hitchcock, sin duda alguna, y así nos lo muestra en varias de sus películas, aunque lo hizo de la forma más explícita en 'La ventana indiscreta'. El bueno de Stewart es un fotógrafo, inmovilizado en su apartamento, al que le ha dado por cotillear en la vida de sus vecinos, lo cual conllevará serias consecuencias. En lo que este fotógrafo no ha reparado es en la raíz de su motivación por atisbar otras vidas, cuando la suya se encuentra en desorden.
Marcelino, pan y vino, 1954.
Por favor, no disparen al bloguero. Sé que para muchos esta película huele a alcanfor, a sesión perezosa de tarde de la Televisión Española, a Semana Santa y a franquismo. Habrá quien se quede con su lectura religiosa, una suerte de 'Ordet' de Dreyer en clave católica, si me perdonan la comparación. No podemos negar tampoco que esa escena inicial, en la que los franceses salen escopetados, fue un injerto innecesario, motivado solo para gloria del nacionalcatolicismo. Yo prefiero verla como un cuento infantil, una historia que habla menos al cerebro y más a las entrañas; que trata sobre la soledad, la añoranza de una madre idílica que el huérfano nunca tuvo. Ladislao Vajda, que pocos años después dirigiría la también interesante 'El cebo' (1958) salpimenta un poco de expresionismo para cocinar este extravagante cuento de fantasmas, del amigo invisible Manuel y de Cristo redentor. Puede que alguna vez les haya provocado una lágrima culpable.

La noche del cazador (The Night of the Hunter), 1955.
Otro cuento infantil, aún más onírico que el anterior, fue el que ofreció Charles Laughton en la única película que dirigió. Aun siendo un gran actor, algunos habríamos querido que repitiera la hazaña detrás de las cámaras, porque 'La noche del cazador' es una joya única, un film sobresaliente que aborda los miedos infantiles como pocos en la historia del cine. La trama que se nos cuenta, detrás de las bambalinas, es cruda: la de un manipulador, un psicópata con dos caras que se gana la confianza de una pequeña comunidad y se casa con una viuda; los pequeños hijos de esta se muestran más clarividentes que los adultos al percibir la amenaza y sufrir la persecución a través de la noche oscura. La película es abiertamente expresionista, con una fotografía cuidada e irreal como la mirada de un niño. El mensaje profundo, que confronta la infancia con la crueldad del mundo adulto por descubrir, va más allá de la propia trama y se acerca a la sensibilidad dickensiana.
Calle Mayor, 1956.
A mediados de la década, Juan Antonio Bardem realizó dos películas que para mí están entre lo mejor del cine español de todos los tiempos. Con 'Muerte de un ciclista' (1955) consiguió esquivar a la censura, colocando una inteligente crítica al Régimen a través del cine negro. He seleccionado, sin embargo, 'Calle Mayor' por considerarla más redonda, algo menos didáctica, además de más emotiva.
Nos encontramos en una capital de provincia que bien pudiera ser Ávila, Cuenca, Segovia, Salamanca o la que ustedes gusten, porque tiene características comunes de distintas ciudades castellanas. Los seminaristas paseando, la zona vieja donde los señoritos acuden a desfogarse y la calle mayor vertebrando el cuadro: centro de las costumbres, la sociabilidad, y también los comadreos y las miserias.
La trama se centra en unos jóvenes señoritos que deciden jugarle una broma pesada a una solterona de treinta y cinco años (edad comprometida en aquel entonces). Más que política, la crítica aquí es social, aunque comparte elementos con 'Muerte de un ciclista', como el injerto de un personaje ajeno (¿la voz del propio realizador?) que sirve para clavar el mensaje moralista; esto puede parecer redundante, pues el espectador por sí solo es quien debe extraer sus conclusiones, pero en aquellos años no estaba de más un subrayado. El neorrealismo italiano fue superior en calidad y seguramente en originalidad, pero yo prefiero 'Calle Mayor' por cercanía y familiaridad. Porque aquella España aún vive en la nuestra.
Doce hombres sin piedad (12 Angry Men), 1957.
Brillante adaptación de la obra teatral sobre el jurado que debe dirimir la culpabilidad o inocencia de un menor acusado de haber matado a su padre. Una firme defensa de la ciudadanía y de los principios del Estado de derecho; una oposición a los prejuicios, a los sesgos personales, a la apatía y a la presión social. Cada personaje representa un carácter distinto, y Henry Fonda, como voz discordante que va convenciendo al resto, representa la responsabilidad: no está seguro de si el acusado es culpable o no, pero sabe que su veredicto empujará al reo a la silla eléctrica o a la absolución, por lo que debe tomarse en serio su papel como jurado. Los dimes y diretes, los diálogos y los giros en el debate no tienen desperdicio.
El séptimo sello (Det sjunde inseglet), 1957.
El cielo, el océano, la inmensidad, o Dios mismo. En la playa, un caballero y su escudero, como dejados por la marea o caídos del cielo. Despierta el sombrío caballero y cabila acerca de Dios y del abismo, cuando se le aparece la muerte, que a nadie perdona.
Aun siendo realizada con bajo presupuesto, 'El séptimo sello' se alza como una de las cumbres del cine existencialista. La ambientación histórica está aquí al servicio de la obra, y no al revés, lo cual es muy respetable. Bergman escogió el siglo XIV por ser una de las épocas de crisis por excelencia en Occidente, en la que la muerte fue importante protagonista. Memento mori, ya saben ustedes. Así pues, traslada al otoño de la Edad Media posturas existenciales contemporáneas e inquietudes religiosas como el silencio de Dios. A diferencia de otros trabajos sobre el tema, que muestran el recurso a la religión en una dimensión más material, la propuesta de Bergman es puramente metafísica, en el sentido tradicional de la palabra, y sus personajes responden a diversas actitudes de corte libresco.
El caballero existencialista contrasta con el pícaro escudero, escéptico, y estos a su vez con la chica muda, que ve en el silencio la única actitud posible. El fraile y los flagelantes utilizan el miedo religioso como arma represora. La institución es criticada, o al menos mostrada en carne viva. Y María y José (ejem), vitalistas y creadores, ambos artistas, son los únicos que vivirán para el futuro.
Senderos de gloria (Paths of Glory), 1957.
Film antibélico, ambientado en la Gran Guerra, que mostró cómo la disciplina militar y su jerarquía amparaban la inhumanidad. El coronel Dax ejercerá de abogado de los soldados escogidos para escarmentar a la tropa, enfrentándose para ello a los intereses egoístas de sus viejos superiores. La patria, en tiempos de guerra, puede ser una bandera o un capote para torear al soldado raso, que solo debe pensar en cumplir órdenes. Con esta película, Kubrick se mostró como una joven promesa y Kirk Douglas tomó buena nota de su talento, eligiéndole años después para dirigir 'Espartaco' (1960), otra obra cumbre de Kubrick-Douglas. Ambos tenían fuerte carácter y las fricciones estaban aseguradas.
Los vikingos (The Vikings), 1958.
La de Richard Fleischer fue una de las películas de mi infancia. No sé las veces que mis primos y yo pudimos verla (ni cómo sobrevivió aquella grabación en VHS) para luego salir al campo blandiendo palos cual espadas medievales, hacia la conquista de algún castillo sajón. Nostalgias aparte, creo que ha soportado el peso del tiempo y se mantiene como una soberbia película de aventuras, violenta para los cánones de la época; una épica de fuertes caracteres gracias a las interpretaciones de Kirk Douglas y Tony Curtis, hermanastros que se odian a muerte y compiten, además, por Janet Leigh. El personaje de Einar, en especial, me fascinaba porque, en su voluntad de poder, superaba la definición de villano o de héroe. No conozco otra obra que haya representado mejor el imaginario que asociamos al mito escandinavo, a las sagas de aventureros que surcaban el mar para labrar su gloria. Y morir, eso sí, con la espada en la mano.

Drácula (Horror of Dracula), 1958.
Como apasionado de la novela de Stoker, considero que la película definitiva del rey de los vampiros aún está por realizarse, si es que se realiza algún día. Me gusta mucho el clásico de Murnau (1922), y destaco alguna adaptación posterior, como la de Herzog (1979) o la controvertida versión de Coppola, titulada equívocamente Bram Stoker's Dracula (1992), y digo 'equívocamente' porque su Drácula, por muy interesante que sea, se parece más al Melmoth de Maturin o al Heathcliff de Emily Brontë que al vampiro de Stoker; aunque la versión de opereta de Browning (1931) no esté entre mis preferidas, no deja de ser también una referencia obligada. Pues bien, de todas las películas sobre Drácula, mis preferidas se definen con dos nombres: Hammer productions y Terence Fisher.
No tuvieron los mejores guiones, y desde luego no pretendieron ser fieles a la novela original, pero el infravalorado Terence Fisher supo recrear el gótico decimonónico, con sus atmósferas oscuras, sus recargados decorados, sus terrores burgueses y su sexualidad implícita en las tres películas que dedicó a la temática. Ya desde el inicio de 'Horror of Dracula', con esos goterones de sangre de un rojo intenso, quedan claras las intenciones. El encanto de estas piezas de la Hammer, cuyo revival gótico realmente comenzó un año antes con 'La maldición de Frankenstein', está en lo artesanal de la realización y el ambiente familiar conseguido, por contar con el mismo elenco de actores para distintas películas. Más allá de Fisher, el bueno de Lee interpretó al vampiro en unos cuantos títulos más, algunos de los cuales aún defiendo, aunque es innegable que la calidad fue decayendo, habiendo ejemplos que es mejor no recordar.
Nazarín, 1959.
Afirmo, con Buñuel, que soy ateo, pero también confieso que Jesucristo me parece uno de los mitos más grandes jamás creados. En el cine, siempre me ha emocionado 'Rey de reyes' (1961), esa superproducción que transmite la majestad de Cristo, acompañada de los coros celestiales de Miklós Rózsa. En 'El evangelio según San Mateo' (1964), Pasolini intentó hacer lo contrario, pero si hablamos de darle la vuelta al modelo de Cristo en majestad - Maiestas Domini -, el mejor ejemplo que se me ocurre es 'Nazarín', de Buñuel. ¿Cómo sería realmente recibido Jesús si viviese entre los humildes haciendo buenas obras, enarbolando el mensaje de paz y amor y dando su vida por los demás? ¡Ay, Nazario! Ya lo dijo Satanás, que sabe más por viejo que por diablo: el infierno está empedrado de buenas intenciones. Toda la épica personal que pretende el personaje interpretado por Paco Rabal terminará mal o, peor aún, en el absurdo, pues ni siquiera le permitirán ser un mártir. Aún tengo pendiente leer la novela de Galdós en la que se basa esta tan buñuelesca película.

Con la muerte en los talones (North by Northwest), 1959.
En el mejor de los casos, la publicidad es arte aplicado a la venta de productos. ¿No exagera, acaso, la publicidad? Con esta tonta premisa, Hitchcock dio comienzo a uno de los films más entretenidos jamás realizados. Aún diría más: la película más entretenida de la historia del cine. Sé que estoy exagerando, pero de exageraciones va la cosa. ¿O acaso no es exageradamente absurdo que a un pobre publicista le confundan con un agente secreto? ¿No es inverosímil que le carguen con el asesinato de un miembro de la ONU? Mejor lo dejamos aquí, porque si hablásemos de avionetas fumigadoras cargadas con ametralladoras, no acabaríamos... ¿Era necesario que el camión explotase? ¿No hubiese sido más eficaz un simple disparo en un descampado? ¿Por qué no un plato de trucha en mal estado? Estas y otras preguntas igual de trascendentes quedarán para que las resuelva la posteridad.
La trilogía de Apu, 1955- 1959.
Si 'Rashomon' fue la puerta del cine japonés en Occidente, 'La canción del camino' (Pather Panchali) fue la que despertó la curiosidad por el cine indio. No es para menos. La trilogía de Satyajit Ray conforma una de las vidas cinematográficas más emotivas que este servidor ha visto nunca. Pura poesía visual, y no me importa que suene manido o incluso pedante, porque así puede describirse, ni más ni menos. 'No hay poetas en el cine estadounidense', decía Satyajit Ray. 'Bueno, veo que eres un artista; yo no lo soy. Soy tan solo un hombre de negocios y eso es lo que me gusta', le dijo en cierta ocasión Billy Wilder. Podríamos detenernos a considerar si realmente existe tal dicotomía, o si el negocio compromete del todo el arte, porque... ¿No ha sido compatible el arte, al menos hasta cierto punto, con las motivaciones pecuniarias durante toda su historia? Sea como sea, para el realizador indio, Hollywood estaba falto de lírica.
Ray, que también era pintor, demostró que en el cine indio había vida más allá de los números musicales y los bailes. Su fotografía es magnífica, así como el ritmo que consigue en sus escenas, donde colaboró el famoso Ravi Shankar en el apartado musical. El artista creía en el progreso: la industrialización (representada en ese tren que simboliza la huida de la miseria) y el laicismo contra la religión y la sociedad de castas imperante en su tierra natal. Después realizaría otras películas de gran calidad, pero su trilogía de Apu mantiene su fuerza, desde la visión del niño que consigue transmitir en 'La canción del camino' hasta la madurez de 'El mundo de Apu', pasando por la adolescencia en 'Aparajito'; en las tres, abriendo y cerrando el ciclo de la vida, está la muerte. En medio, el futuro y la esperanza en el progreso personal.
Otra maravillosa selección. Algunas las vi hace tiempo, otras las he visto varias veces, pero de todas recuerdo la sensación de disfrutar a lo grande.
ResponderEliminarLas películas de la Hammer tienen para mí también un encanto especial, quizá porque ya de niña las veía y me traen ese recuerdo. De sus actores emblemáticos prefiero a Peter Cushing.
De Hitchcock me gustan todas, y estoy de acuerdo en que Con la muerte en los talones es puro entretenimiento, pero con una elegancia y un estilo poco comunes (supongo que Cary Grant tiene mucho que ver en eso) .
También me encantan las de cine negro, y Humphrey Bogart me ha gustado siempre mucho. Precisamente hace pocos días volví a ver El bosque petrificado, coprotagonizada por Bette Davis, otro fenómeno.
Bueno, no voy a comentar una por una todas las que mencionas, pero sí quiero añadir que me ha gustado mucho tu visión de Marcelino, pan y vino. Y que la novela La noche del cazador es tan impresionante como la película y quizá aún más conmovedora (porque lógicamente permite una mayor profundización en los personajes).
No conocía La trilogía de Apu (y no voy a hacer ningún chistecillo fácil con los Simpson :D), y no he visto Cuentos de Tokio ni Nazarín, aunque quedan anotadas desde este momento.
Y por hacer la acostumbrada aportación, añadiría algunas de Vincent Price, otro de mis actores clásicos favoritos, como La mosca o Los crímenes del museo de cera.
Saludos.
Buenas, Ángeles. No conozco 'El bosque petrificado', pero tomo buena nota, y tampoco sabía de la existencia de la novela 'La noche del cazador': me has metido curiosidad. Por cierto, aún tengo fresco el descubrimiento de 'Luz que agoniza', que te vuelvo a agradecer.
EliminarDe las dos que comentas de Vincent Price conozco 'Los crímenes del museo de cera' (la de los años treinta es igualmente buena), que me gusta bastante, pero de 'La mosca' solo he visto el ¿remake? de Cronenberg. Price trabajó en varias películas de la década siguiente que me gustan también, sobre todo dirigido por Roger Corman; recuerdo especialmente, en 'Historias de terror', una adaptación muy libre de 'El tonel de amontillado' de Poe, con una escena en la que Price compite con Peter Lorre en una cata de vinos.
El chiste de Apu, el de los geniales Simpson, es muy apropiado :P
Si no la has visto, por cierto, te recomiendo mucho esa trilogía. En el caso de que algún día te diese por verla, si puedes intenta que el archivo tenga cierta calidad, porque por internet circulan tanto versiones sacadas del DVD como copias de 700 mb, que desmerecen un poco la experiencia.
Gracias por el comentario.
Hola otra vez.
ResponderEliminarMe alegra mucho que menciones las películas que hizo Roger Corman con Vincent Price basadas en relatos de Poe, porque me encantan. Me imagino que incluirás alguna en tu selección de la siguiente década.
En cuanto a la Trilogía de Apu, la podré ver en blu-ray gracias a un amigo que tiene una colección impresionante.
Gracias por los consejos, y me alegra mucho que te interesen mis sugerencias.
No tenía pensado incluir una de Corman, porque no las he visto tantas veces como las de Fisher, a quien prefiero de los dos, pero haré una mención honorífica :P
EliminarPor supuesto que me interesan tus sugerencias. Ya tengo varias pelis tuyas apuntadas, así como del Doctor Krapp, y os lo agradezco sinceramente :)
Afortunadamente he visto todas esas películas y son en su estilo autenticas obras reseñables. Para mí las mejores, porque está entre las que me han impactado de todos los tiempos, está El Septimo Sello y esa fabulosa La Noche del Cazador película que he visto tantas veces y he disfrutado siempre de forma extraordinaria:
ResponderEliminarSe podrían citar otras más: Rashomon del maestro Kurosawa; por supuesto Bienvenido Mister Marshall o en tono menor Calabuch o Los Jueves Milagro de Berlang;, La Strada de Fellini. Milagro en Milan o Umberto D de De Sica; Te querré siempre de Rossellini; El Puente sobre el Río Kwai de David Lean; alguna comedia de la Ealing como El Quinteto de la Muerte; y del cine negro norteamericano hay docenas: La jungla de Asfalto, El crepusculo de los dioses, Los sobornados, Atraco Perfecto, Sed de Mal y de Hitchcock añadiría Vértigo y Extraños en un tren.
La trilogía de Apu la vi hace pocos años y me pareció estupenda
Te agradezco una vez más las aportaciones, Doctor, porque algunas pelis que citas no las he visto, como Milagro en Milán, Los jueves milagro (casualidad, se han juntado dos milagros) Te querré siempre, Calabuch o El quinteto de la muerte.
EliminarLas dos que destacas son realmente buenas, sí señor. También he visto cada una unas cuantas veces y ya ves, no tenía ni idea del dato que ha dejado Ángeles de que 'La noche del cazador' estaba basada en una novela.
Al director que algún día tendré que dar una segunda oportunidad es a Fellini. Me gustaron varias películas suyas (no he visto buena parte de su filmografía) que no he vuelto a revisionar, como por ejemplo 'La Strada' que mencionas, pero en su día no me atraparon tanto otras, a pesar de apreciar la calidad: el humor de 'Amarcord', por ejemplo. Hoy quizá las viese con otros ojos. En contraste con ese humor vitalista, me llamó la atención un corto de terror que realizó en los sesenta: 'Toby Dammit'.
Los títulos que mencionas de cine negro son realmente buenos, incluyendo los de Hitchcock, que me encantan.
que bellas fotos me han fascinado
ResponderEliminarNo te conocia
mucha gusto
un brindis por vos
Gracias, Recomenzar, y perdona, te contesto medio año después. No sé si verás esto, porque tenía el blog abandonado.
EliminarDe esta década te pongo muchas, es un decenio sagrado.
ResponderEliminarRashomon (1950, Akira Kurosawa)
El demonio de las armas (1950, Joseph H. Lewis)
El río (1951, Jean Renoir)
La reina de África (1951, John Huston)
Cantando bajo la lluvia (1952, Stanley Donen y Gene Kelly)
El hombre tranquilo (1952, John Ford)
Él (1952, Luis Buñuel)
Cuentos de Tokio (1953, Yasujiro Ozu)
Te querré siempre (1953, Roberto Rossellini)
El salario del miedo (1953, Henri-George Clouzot)
La ventana indiscreta (1954, Alfred Hitchcock)
La palabra (1955, Carl Thedor Dreyer)
La noche del cazador (1955, Charles Laughton)
Los contrabandistas de Moonfleet (1955, Fritz Lang)
El hombre de Laramie (1955, Anthony Mann)
Centauros del desierto (1956, John Ford)
Un condenado a muerte se ha escapado (1956, Robert Bresson)
La calle de la vergüenza (1956, Kenzi Mizoguchi)
Vértigo (1958, Alfred Hitchcock)
Sed de mal (1958, Orson Welles)
Los vikingos (1958, Richard Fleischer)
Con la muerte en los talones (1959, Alfred Hitchcock)
Río Bravo (1959, Howard Hawks)
Anatomía de un asesinato (1959, Otto Preminger)
Cabalgar en solitario (1959, Budd Boetticher)
Abrazos.
Abrazos.
Estoy de acuerdo con lo del decenio sagrado.
EliminarMuy buena lista la tuya, y muy variada. Incluyes alguna que también está entre mis preferidas, aunque no la incluyese en esta entrada. Y también alguna que nunca he visto, como 'Cabalgar en solitario', 'La calle de la vergüenza', 'El demonio de las armas' y 'Te querré siempre'.
Gracias por el comentario, Gonzalo.
Un abrazo.
Magnífica selección. Es muy difícil seleccionar entre las películas de los años cincuenta, plagado de obras maestras. No has puesto musicales, cuando fue el canto de cisne del género musical (aunque hayan intentado con más o menos acierto recuperarlo en las siguientes décadas) "Cantando bajo la lluvia" todo un monumento a la transición del cine mudo al sonoro plagado de guiños al Hollywood de aquella época. Y, aunque alguien pueda decir que es imposible ser feminista y gustarte "Siete novias para siete hermanos" (no creo que se atrevieran a rodarla hoy en día) yo la veo como una mezcla de western y musical, donde al final, la que manda es ella, la buena de Milly.
ResponderEliminarDe Hitchcock maravillosas todas, pero siempre cuento entre mis favoritas "La ventana indiscreta".
Dos de mis favoritas de esa década, y que creo que no son muy conocidas para el gran público, son: Marty (Delbert Mann) y también El invisible Harvey (Henry Koster) con mi adorado James Stewart como protagonista.
Las dos que has elegido españolas son muy bonitas. "Calle mayor" te deja el corazón encogido ante la broma que tanto daño hace... Puedes llamarme ñoña pero a mí me gustan "El día de los enamorados", "Vuelve San Valentín" y "Las chicas de la Cruz Roja" (espero que no me pegue nadie). Para mí una obra maestra es "Un millón en la basura" (pero esa es de los sesenta).